Singapur y Malasia comparten frontera, historia y cocina, pero se viven muy distinto. Singapur es una ciudad-estado impecable, donde los rascacielos conviven con jardines verticales, templos chinos centenarios y edificios coloniales británicos. Kuala Lumpur, la capital malaya, es más caótica y sorprendente: mezquitas, templos hindúes, mercados chinos y las torres Petronas, que fueron las más altas del mundo.
Las dos funcionan como extensiones cortas de un viaje más largo por el Sudeste Asiático. Se suman al principio o al final de Tailandia, Vietnam o Bali, y también se pueden encadenar entre sí: Singapur y Kuala Lumpur están a una hora de vuelo. Muchos viajeros, además, las eligen como escala larga para cortar el viaje desde Argentina.
En las dos ciudades hay asistencia en español desde que salís del aeropuerto, y las visitas se hacen con guía local de habla hispana. Para los argentinos hay otra ventaja: ninguno de los dos países pide visa de turista.